Así es Moderna: una vacuna sin precedentes y un CEO despiadado – El Confidencial

A comienzos de año, pocos fuera del mundo de la biotecnología habían oído hablar de una empresa del área de Boston con nombre de una nueva era y un método de fabricación de fármacos infundado. La mayoría de la industria, que sí conocía a Moderna, dudaba de su porvenir. Los inversores apenas se interesaban por la empresa, que todavía tenía que fabricar un medicamento.

Moderna y sus empleados se enfrentaban a otras presiones. Durante nueve años, el director general, Stéphane Bancel, propició un ambiente con altos niveles de estrés caracterizado por altas expectativas, duras críticas a los trabajadores y una rotación de personal intensa, según antiguos y actuales empleados. Las amonestaciones de Bancel a ciertos subordinados en las reuniones de grupo motivaban a algunos y hacían que otros se marchasen.

Hoy, Moderna representa uno de los mejores intentos para contener una pandemia histórica. Es líder en la búsqueda de una vacuna para el coronavirus y compite contra gigantes de la industria con una sólida trayectoria. La pregunta es si la ciencia vanguardista de Moderna y un duro estilo directivo son los ingredientes adecuados para un descubrimiento similar.

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Este verano, el Gobierno de EEUU planea financiar y desarrollar estudios decisivos de tres vacunas experimentales para el coronavirus. La primera será la de Moderna, empezando a finales de este mes. Su estatus de líder en la búsqueda de la vacuna es el motivo por el cual las acciones de la empresa han aumentado su valor en más del 200% este año.

«Creo que el mundo va a cambiar profundamente», afirma Bancel haciendo alusión a la vacuna contra el coronavirus de la empresa, así como a la tecnología experimental en la fabricación de medicamentos que se está empleando para desarrollarla.

Bancel, de 47 años y origen francés, dice que la vacuna de Moderna podría estar disponible para uso de emergencia en el personal sanitario podría estar lista para otoño y que el lanzamiento total llegaría el año próximo.

Las arriesgadas promesas de Bancel y sus compañeros han golpeado durante mucho tiempo a parte de la industria farmacéutica y de Wall Street por su arrogancia. Ninguna empresa que use el mismo método experimental ha logrado desarrollar un fármaco con éxito. Moderna cuenta con más de 20 fármacos experimentales y vacunas contra el cáncer, enfermedades contagiosas y otras condiciones del desarrollo, pero ninguno de ellos está cerca de estar disponible en el mercado para los pacientes.

Un trabajador investiga en un laboratorio. (Reuters)
Un trabajador investiga en un laboratorio. (Reuters)

«La empresa siempre ha sido un campo de batalla», dice Brad Loncar, director de Loncar Investments y creador de un fondo cotizado que posee acciones de Moderna. «Por alguna razón, hace que la gente se exalte».

El escepticismo ha perseguido a Moderna desde su creación en 2010. Noubar Afeyan, ingeniero bioquímico nacido en Beirut que dirige la empresa de capital de riesgo Flagship Pioneering en Cambridge, quería crear una empresa que convirtiera la propia maquinaria celular de un paciente en una fábrica personal de medicamentos.

La herramienta para esa labor es un fragmento del código genético conocido como el ARN mensajero o ARNm. Normalmente, este código transporta las instrucciones del propio ADN de una persona diciéndoles a las células lo que tienen que hacer. Moderna intentó sintetizar el ARNm con instrucciones para atacar una enfermedad o patógeno, y luego entregárselo a los pacientes.

Foto: Foto: EFE.

Afeyan sedujo a Bancel, un ingeniero de formación que era jefe de producción en la gigante farmacéutica Eli Lilly & Co y después dirigió la empresa de diagnósticos bioMérieux. «En él vi un grado de intensidad, curiosidad e impaciencia», recuerda Afeyan.

Bancel correspondió el interés con dudas. Recuerda: «Miré a la ciencia y dije: ‘es imposible». Aceptó la oferta en 2011, sin embargo, tras convencerse de que el método podría funcionar y que Moderna podría ser capaz de desarrollar cientos de medicamentos a la larga.

La ‘startup’ empezó con tan solo dos millones de dólares, lo que dificultó que Bancel convenciese a los mejores científicos a unirse a la joven empresa. Algunas noches volvía a casa frustrado del trabajo. «Esto nunca va a funcionar», Bancel recuerda decirle a su mujer una noche.

Stéphane Bancel, de espaldas, en un encuentro con Donald Trump y Mike Pence. (Reuters)
Stéphane Bancel, de espaldas, en un encuentro con Donald Trump y Mike Pence. (Reuters)

La industria coincidió en gran medida. Una pregunta clave era si Bancel y sus compañeros podrían introducir el ARNm, una molécula inestable, en células humanas (una vez allí el proceso por el que genera proteínas que combaten enfermedades es más fácil). La empresa se pasó años perfeccionando una solución para utilizar cápsulas microscópicas conocidas como nanopartículas lipídicas para transportar el ARNm.

Cerca de una docena de empresas de producción rechazaron la oportunidad de desarrollar una versión inicial de una vacuna antigripal de Moderna. «Incluso si funciona, te arruinarás«, le dijo una a Bancel, quien se vio obligado a recurrir a un fabricante de medicamentos portugués de 20 empleados.

Moderna vio su trabajo en la vacuna como medio para probar su tecnología, y no hizo pruebas previas del producto porque el tipo de gripe al que se dirigía no circula ampliamente.

Desde el principio, Bancel implantó un nivel de intensidad que incomodó a algunos empleados, según apuntan antiguos trabajadores. A veces, en reuniones de 15 a 20 personas, Bancel señalaba a empleados si pensaba que su progreso en los proyectos no era bueno, por ejemplo, si no incluían a pacientes en ensayos clínicos lo suficientemente rápido, de una manera que algunos encontraban desmoralizante.

Foto: Frascos con la etiqueta 'vacuna de covid-19'. (Reuters)

En una reunión hace muchos años, le dijo a un empleado: «No tienes ni idea de lo que estás hablando. ¿Te has parado a pensarlo en serio?«, según un exempleado que estuvo presente. La tensión resultante puede ser parte de la razón por la que muchos se han ido de Moderna, según apuntan exempleados y empleados actuales.

Bancel declara: «Es una cultura exigente. No es una cultura injusta». Dice que también ha cometido errores, como no ser más claro con los nuevos empleados acerca de lo difícil que iba a ser el trabajo. «Estaba intentando no destruir la empresa», afirma.

Bancel dice que la rotación ha sido más baja que en otras empresas de biotecnología en los últimos años, aunque más alta que en grandes farmacéuticas.

Tras incorporarse a la empresa en 2013 como presidente, Stephen Hose, antiguo físico convertido en consultor administrativo en New York, surgió como una influencia tranquilizadora en la oficina, dicen antiguos empleados. Hoge dice que él y Bancel «han funcionado siempre como socios. Tenemos diferentes fortalezas, y nos equilibramos muy bien».

Trabajos en un laboratorio de investigación del coronavirus. (EFE)
Trabajos en un laboratorio de investigación del coronavirus. (EFE)

Algunos otorgan a Bancel el mérito de hacer que la compañía avanzara a pesar de las decepciones iniciales, y dicen que fue duro con los empleados porque sentía que Moderna podría alcanzar algo grande.

«Lo que no es tolerable es hacer ciencia chapucera», dice Marcello Damiani, director digital y de excelencia operativa en Moderna, quien ha supervisado la incorporación de inteligencia artificial en el diseño de fármacos en la empresa. «Stéphane es muy riguroso, y es muy exigente al mismo tiempo».

Bancel, hombre de negocios competente, solicitó financiación de grandes farmacéuticas e inversores. En 2013 hubo un punto de inflexión, cuando convenció al gigante farmacéutico AstraZeneca para pagar 240 millones de dólares por los derechos sobre fármacos procedentes de investigación realizada por Moderna. Más tarde, Moderna firmó un acuerdo con MSD para desarrollar vacunas contra el cáncer y otros productos.

En febrero de 2018, Moderna recaudó 500 millones de dólares en financiación de Pictet, Arrowmark Partners, Viking Global Investors y otros inversores que no son conocidos por ser especialistas en salud.

Dentro del campo de la biotecnología, había quienes no querían invertir, en parte porque la empresa no publicaba mucho sobre sus resultados clínicos en revistas médicas o en otras partes y era menos transparente que algunos competidores en su progreso en varios medicamentos. Bancel alega que la empresa era transparente a la hora de compartir información con potenciales inversores y socios.

Moderna salió a bolsa la primera semana de diciembre de 2018, consiguiendo más de 600 millones de dólares en el desembarco bursátil más grande de una biotecnológica. Pero a finales de ese año, las acciones habían caído un 34%.

En los últimos años, la empresa se ha centrado en una vacuna experimental contra el citomegalovirus, un virus que puede dañar órganos y puede ser perjudicial para la gente con un sistema inmune debilitado y para bebés cuyas madres se infectaran durante el embarazo. Moderna cree que podría generar hasta 5.000 millones de dólares en ventas anuales. La empresa también está desarrollando vacunas contra el Zika y ciertos virus respiratorios.

Trabajos en un laboratorio. (Reuters)
Trabajos en un laboratorio. (Reuters)

A principios de 2020, Moderna no planeaba tener un producto en el mercado hasta pasados dos o cuatro años, decepcionando a algunos inversores. Había quienes estaban frustrados porque Moderna hubiera empezado a hacer énfasis en el descubrimiento de vacunas, un campo saturado y difícil que presenta un potencial financiero limitado.

Para entonces, algunos de los mayores inversores de Wall Street habían vendido las acciones, incluso aquellos que eran fans previos. Viking, un fondo de 29.000 millones de dólares, poseía el 5,2% de las acciones de la compañía a finales de 2018, después de que esta saliese a bolsa. A finales de marzo, poseía tan solo el 0,3%. Una portavoz de Viking se negó a hacer declaraciones.

A principios de enero, Bancel estaba de vacaciones en Francia con su familia cuando leyó la noticia sobre un virus misterioso que se estaba expandiendo en China. Escribió un correo a un investigador del Instituto Nacional de Salud para trabajar juntos en una vacuna potencial, recuerda, que finalmente condujo a una colaboración.

Una vez en la oficina, Bancel presionó a sus compañeros para que se centrasen en el nuevo virus. Le preguntó a uno de ellos: «¿Cómo aceleramos nuestra vacuna?».

Foto: Foto: Reuters.

Algunos dentro de la compañía tuvieron dudas sobre perseguir una vacuna contra el nuevo coronavirus. La empresa se había traumatizado por su fracaso en encontrar una vacuna para el virus del Zika tras un brote en 2016, comenta Bancel, aunque ahora está desarrollando una candidata suplente. Hoge dice que le preocupó que el trabajo de la vacuna del coronavirus pudiera poner en peligro el desarrollo de sus otros productos, algunos con un mayor potencial comercial.

Hoge recuerda preguntar en debates internos: «¿Estamos seguros de que deberíamos hacer esto?». A lo que Bancel respondía, según Hoge: «Esto va a ser algo grande, tenemos que hacer algo ahora». La empresa tenía una oportunidad única de salvar vidas, dice Bancel, cuya madre tiene cáncer de sangre y está inmunocomprometida.

Bancel y el NIH, que codiseñó la vacuna, establecieron un nuevo objetivo ambicioso: pasar del diseño de la vacuna a pruebas en humanos en tres meses, una velocidad sin precedentes. La empresa, que tiene alrededor de 800 empleados, va a contratar cerca de 150 nuevos para ayudar en los esfuerzos por aumentar la capacidad productiva.

A diferencia de los competidores que están desarrollando vacunas que utilizan un coronavirus muerto o proteínas del propio virus, la vacuna de Moderna utiliza solo una secuencia genética del virus. El material programado -ARNm- ordena a las células de una persona fabricar proteínas que, a su vez, provocan que el sistema inmune produzca anticuerpos contra el coronavirus.

Oficinas de Moderna, cerca de Boston. (Reuters)
Oficinas de Moderna, cerca de Boston. (Reuters)

Una ventaja potencial del enfoque de Moderna: La vacuna de ARNm se puede diseñar y producir más rápido que las vacunas basadas en tecnologías más antiguas, que a menudo requieren desarrollar el virus o las proteínas durante semanas o meses.

La vacuna de Moderna estaba entre las primeras para empezar a probar en humanos. Después de obtener resultados preliminares en la primera fase de pruebas con humanos, la vacuna empezó la segunda fase de estudio con 600 personas en mayo. Las pruebas de este mes incluirán hasta 30.000 personas, y determinarán si la vacuna de Moderna reduce los índices de infección y morbilidad.

El progreso relativamente rápido y sus acciones en alza han convertido a Bancel en multimillonario, al menos en papel. El valor de la compañía se sitúa ahora mismo alrededor de 24.000 millones de dólares, más del de muchos fabricantes de medicamentos ya en el mercado. Hay días en que las noticias sobre el progreso de la vacuna de Moderna han impulsado el mercado general.

Foto: Bolsa de Madrid

Aun así, muchos inversores permanecen escépticos sobre si la estrategia de Moderna funcionará. Cerca del 10% de las acciones de la compañía disponibles para negociar se han vendido en corto, un aumento desde el 5% del año pasado a fecha de 15 de junio, según FactSet un nivel que está por encima de cualquier índice del sector sanitario salvo uno en el S&P 500. Los inversores que utilizan esta estrategia apuestan por que el precio de las acciones caerá.

«Hay enfoques mejores» para descubrir una vacuna para el coronavirus, dice Joseph Lawler, físico que dirige JFL Capital Management, fondo que apuesta contra Moderna, en parte debido a la alta valoración de la empresa.

Los propios directivos de Moderna, incluido Bancel, han estado vendiendo. Este año, hasta finales de junio, ejecutivos y directivos habían vendido alrededor de 161 millones de dólares en acciones, según InsiderScore, que monitorea transacciones internas. Flagship, la empresa de capital riesgo que fundó la compañía, vendió más de 68 millones de dólares en acciones. La mayoría de las ventas estaban planeadas, incluidas las de Bancel, dice la compañía.

Estudios en busca de la vacuna. (Reuters)
Estudios en busca de la vacuna. (Reuters)

La aprobación de la técnica Moderna podría ser todavía más valiosa para la empresa, aumentando las expectativas de productos más rentables en el futuro.

Aunque muchas vacunas fallan en las pruebas, Anthony Fauci, el mayor experto en enfermedades contagiosas del país, ha declarado recientemente que es ‘muy optimista’ sobre la vacuna de Moderna. El Gobierno estadounidense ha invertido cerca de 500 millones de dólares para acelerar los ensayos y prepararse para fabricar cientos de millones de dosis.

Una vez haya empezado el ensayo con la vacuna de Moderna, hay otras pruebas similares planeadas para una vacuna codesarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca y otra de Johnson & Johnson.

Foto: La Universidad de Oxford ya está fabricando vacunas al mismo tiempo que investiga (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

Pfizer y su socia BioNTech también planean empezar un gran ensayo este mes con una vacuna experimental.

El desafío de desarrollar la primera vacuna supone todavía más presión para Bancel y su empresa. Uno de los últimos sábados, se les indicó a los empleados de producción que apagaran los móviles y se tomasen el día libre. El equipo ha estado trabajando sin parar en la vacuna durante varios meses.

En su lugar, los trabajadores dedicaron el día a intercambiar ‘e-mails’ de trabajo, como si fuese un día laboral normal. Se puso en copia a los directivos que habían dado la orden de dejar de trabajar y estos supervisaron los ‘e-mails’ sin intervenir.

«Siempre hemos tenido esta enérgica cultura de obstinación», dice Bancel. La habilidad de Moderna para responder rápidamente a la pandemia del coronavirus «es por lo que hemos trabajado duro durante nueve años«.