Criptomonedas y la revolucionaria aplicación del blockchain – Oink Oink

Ya casi se van a cumplir 12 años desde que el ‘White paper’ del Bitcoin vio la luz en el mundo. El 31 de octubre del 2008, la misteriosa figura de Satoshi Nakamoto publicaría uno de los artículos más revolucionarios de la era digital – “Bitcoin: un sistema de dinero electrónico entre pares” -, en el que se esbozaría el esquema para crear un protocolo de transacciones monetarias descentralizado y con seguridad a nivel criptográfico. Te contamos todo lo relacionado con lo que ha sido una de las creaciones más innovadoras de la era digital.

Blockchain

Blockchain

Imagen: Unsplash

Ni el bitcoin ni ninguna otra criptomoneda podrían existir tal y como las conocemos si no fuera gracias a la tecnología que las soporta: la cadena de bloques o ‘blockchain’. Pero, ¿qué es? Puesto de forma muy sencilla, la blockchain es una forma de registrar información. Este registro sigue una estructura en la que los datos se agrupan en bloques (de ahí su nombre). Cada bloque almacena información referente a operaciones válidas sucedidas en el bloque presente, pero también información del bloque anterior, con el cual está íntimamente vinculado (por eso es una cadena).

Esta estructura de información crea una identidad única. Una especie de huella digital de todo el sistema del que se tiene registro, así como de su historia. Cada bloque ocupa un lugar inamovible dentro de la cadena, pues la información que contiene y los datos que puedan ser almacenados en bloques futuros dependen por completo de la posición de cada uno de ellos.

Pero la cadena de bloques no sólo es un esquema para registrar información. También es un protocolo para verificar y validar operaciones. Imaginémoslo de la siguiente manera: la blockchain hace posible que un sistema sólo procese (y registre) operaciones que previamente han sido verificadas y validadas por el propio protocolo.

¿Cómo funciona? La seguridad se distribuye a través de los nodos que participan en la red. Cada nodo hace una copia del registro de operaciones de la red y también se encarga de verificar y aprobar las nuevas operaciones que se realizan. En ese sentido, es imposible hackear una red sustentada en blockchain, pues tendrían que atacarse todos los nodos que participan en la red al mismo tiempo. Hoy en día difícilmente existe una computadora con la capacidad de lograrlo. Se puede atacar uno de los nodos, pero el resto sigue haciendo posible la continuidad de la red en su conjunto. Mientras uno de los nodos funcione, la información que almacena estará disponible todo el tiempo.

Criptomonedas

Bitcoin

Imagen: Unsplash

Y bueno… Entonces ¿qué son las criptomonedas y qué tienen que ver con la cadena de bloques? Todas las criptomonedas están basadas en alguna clase de aplicación de la blockchain. Recordemos que la cadena de bloques puede aplicarse a cualquier cosa que se pueda contabilizar. Las criptomonedas se diferencian las unas de las otras en la manera de utilizar la blockchain. Pero en todos los casos, estas divisas digitales cuentan con seguridad criptográfica.

Pongamos de ejemplo el bitcoin, la primer criptomoneda en existir y la más utilizada en la actualidad. La intención detrás del protocolo del bitcoin era resaltar algunas cualidades en un medio de intercambio: que fuera descentralizado, anónimo y verificable públicamente. La blockchain permite que el bitcoin logre construir una red con estas cualidades.

Satisface la descentralización gracias a que reparte los nodos de la red entre cualquiera que quiera participar en la red. La única condición es que se hagan disponibles recursos computacionales necesarios para “minar” bitcoins. Minar, en este contexto, significa procesar las operaciones matemáticas necesarias para que el nodo cumpla su objetivo dentro de la red: verificar y validar transacciones y registrar estas operaciones en la cadena de bloques. Esto hace diferente al sistema financiero del bitcoin, pues no son necesarias instituciones (como los bancos) que funjan como mediadoras de las transacciones económicas.

Hace posible que las transacciones sean anónimas, pues no necesita los datos personales de aquel que quiere realizar una transacción para hacerla válida, basta con ingresar los recursos a la red y ordenar la transferencia. Para el protocolo, simplemente se tiene que procesar una instrucción matemática, sin necesidad de saber quién o por qué la realiza.

Finalmente, también hace posible que las operaciones sean verificables públicamente, porque el registro de operaciones que se realizan dentro de la red está disponible para todos los nodos que participan en el sistema. Recordemos que, gracias a que cada nodo hace una copia del registro de operaciones, la red puede tener seguridad criptográfica de las transferencias que verifica y valida. En ese sentido, se puede pensar este registro como un libro contable que es público para todos los nodos, de tal forma que cualquiera, en todo momento, pueda auditar las operaciones de la red. Algo que no sucede con los sistemas financieros tradicionales, donde las auditorías sólo pueden ser realizadas por entes reguladores o personal designado por las propias instituciones financieras.